Cuestión de sinceridad

Por Lorenzo Vilches

Quemar después de leer , película de estrellas – Brad Pitt, George Clooney, Jon Malcovich, – es una historia de fracasados simpáticos y de mentirosos lamentables. Una comedia que no pasará a los archivos de la historia del cine (ni de los hermanos Coen)0 por ser la mejor de su género, pero tiene el mérito de reírse de los impostores, o lo que es lo mismo, de la imposibilidad de ser sinceros en esta vida.

Osborne Cox (J.Malcovich) es despedido de su puesto en la CIA (en Arlington, Virginia) por su posible adicción al alcohol ( “para un jefe mormón, todos son unos viciosos”) pero dirá a su mujer que ha dejado el trabajo para dedicarse a escribir sus memorias. Katie, la mujer de Cox (Tilda Swinton), una pediatra antipatiquísima, le engaña con Harry Pferrer (G. Clooney), quien, analista de medio pelo del Departamento de Estado, engaña a su mujer en sus diversas citas a ciegas. La mujer de Harry, que a su vez le engaña con otro en sus continuos viajes de promoción literaria, lo ha puesto bajo vigilancia de detectives privados para prepararle un contundente divorcio. En el barrio pobre de las afueras de la ciudad trabaja Linda Litzke (Frances McDormand), empleada de un gimnasio junto con Chad (Brad Pitt). El objetivo de Linda es hacerse unas cuantas operaciones de cirugía estética para mejorar su poco agraciado aspecto, motivo por el que necesita dinero urgente. Chad, un adicto al ejercicio físico, es el único ser feliz en este mundo y ama su trabajo como monitor del gimnasio. Finalmente, Ted Treffon (Richard Jenkins), director del gimnasio, un ex sacerdote ortodoxo, enamorado de Linda, incapaz de dar el salto de su vida y declarársele. Luego están los ineptos jerarcas de la CIA, un club de bobos en oficinas elegantemente enmarcadas por el escudo de la Agencia. Un CD de Cox, robado por su mujer, llega accidentalmente al gimnasio, conteniendo un alucinante archivo de las memorias que está escribiendo en su esforzada-vida-de-jubilación-forzada, será el detonante de esta comedia que cambiará la vida de todos, al extremo de que algunos de ellos pasarán literalmente a la otra.

La vida habitual de cada uno de los protagonistas, lo repetitivo de su miserable y mentirosa vida conyugal les protege como una capa protectora aparentemente impenetrable. Hasta que Linda y Chad tratarán de chantajear con el CD encontrado a Cox. Esto, la entrada de un par de seres extraños, Linda y Chad, en el agitado programa vital del resto de protagonistas, provocará tal revulsivo que les hará ascender a la superficie de la cosa, es decir, a ojos del espectador, como unos seres totalmente sinceros. Veamos. Mientras los protagonistas hablan y viven mecánicamente su cotidianidad entre laboral y amorosa en el distinguido barrio de Georgetown siguiendo las reglas fijas de la sociedad de Washington D.C. que les cobija de mala manera, abrigamos la sospecha, sin gran esfuerzo por nuestra parte, de que son totalmente distintos de lo que aparecen. El espectador comienza a disfrutar no sólo con las serias payasadas de los protagonistas, sino que es invitado a practicar inevitablemente todas las estrategias posibles para desnudarles, quitarles la máscara para ver su verdadero rostro. El espectador espera que haya una irregularidad, involuntaria seguramente, como ocurre en las comedias, un movimiento en falso, un roto o un descosido en el guión de vida auto-construido por los personajes. La espera del instante de irregularidad, la ruptura de las reglas a las cuales se ajustan en una sociedad simulada, nos viene servido por la pareja de monitores del gimnasio, unos pobres diablos que no tienen nada que ocultar. La sospecha sobre las actividades secretas de espionaje de Cox que ellos creen encontrar en el CD, sirve para pasar a la siguiente sospecha: que en realidad nadie es como aparece en la superficie. Comienza la discrepancia entre lo que ambos creían ver en Cox y Harry. De una serie de comportamientos extraños, impropios de analistas de la CIA surge la evidencia de que, como afirma Linda, están ante una fila de fracasados. Como nadie se comporta según el guión que los dos monitores se han hecho en su cabeza, el comportamiento extraño de Harry y Cox se revela ante Linda como una repentina visión de la sinceridad. Lo que para el jefe de la CIA es incomprensible y una conducta de chiflados peligrosos a los que hay que hacer desaparecer del mapa de los vivos para evitarse problemas, para Linda es la revelación de la sinceridad total: se trata de fracasados que actúan como tales. Los agentes y quienes se les acercan se eliminan entre ellos a través del equívoco y del malentendido, otro de los grandes y eficaces resortes de la comedia. El otro motor de la comedia es la simetría entre los mentirosos y malvados. Cuando una de las esposas le dice a su marido que la respectiva de su amigo (sin saber que es su amante) es una fría y una guarra (cerda), no nos lo creemos hasta que la correspondiente aludida dice lo mismo de la otra. En asuntos de credibilidad la relación entre el espectador y la película parece ser la misma que la de ambas mujeres, también es algo simétrico. En cuanto miramos, dependemos de lo que nos muestra la película. Pero en cuanto que nos muestra, nos ponemos al mismo nivel que los protagonistas de la película. En cuanto miramos nos quedamos en la superficie de la comedia, pero en cuanto nos dejamos mirar, es decir, en cuanto examinamos por qué nos causa tanta risa la situación de completo ridículo en el que caen los protagonistas no hay más remedio que aceptar que lo es porque nos miramos a nosotros mismos. En esa capacidad que tenemos para escenificar en nuestra vida, para enmascarar y protegernos de la mirada del otro, allí es donde somos más sinceros. Al final de todo, al final de la película, uno termina por preguntarse por el verdadero hombre que se esconde tras todas las escenificaciones. Quizá se trate de lo que Cox les suelta al par de monitores del gimnasio: ustedes forman una “sociedad de gilipollas”. Para poder reírnos de nosotros mismos, deberíamos decir, siempre que terminamos de interpretar un papel, o de hacer el ridículo: “quemar después de leer”. Sería un auténtico revelador de autenticidad.

Título: Quemar Después De Leer (Original : Burn After Reading)

Año: 2008

Duración: 96 Min.

País: Estados Unidos

Director: Ethan Coen, Joel Coen

Guión: Ethan Coen, Joel Coen (Basada en la novela “Burn Before Reading: Presidents, CIA Directors, and Secret Intelligence” del ex jefe de la CIA Stansfield Turner.

Música: Carter Burwell

Fotografía: Emmanuel Lubezki

Reparto: Brad Pitt, George Clooney, Tilda Swinton, John Malkovich, Frances Mcdormand

Productora: Working Title Films