El actor escribe (IV)

p25

Por Fernando Andrés Saad

Textos correspondientes al libro homónimo, planteando un nuevo método de escritura de guiones, basado en el trabajo con el actor en la reescritura (1)


La visión del autor

“Esta entrega total de uno a otro personaje —

principio en que se basan todas las obras

de Shakespeare y de Chejov—

es una tarea sobrehumana. Requiere de un talento

singular que quizás no se corresponde con nuestra época.”

Peter Brook (2)

Las obras dramáticas, sean para teatro o cine, requieren de una visión, una mirada sobre el mundo. Aunque esto es materia común desde los comienzos de la escritura dramática, a menudo se soslaya, y se pretende la mirada inocente sobre los seres y las cosas. Como si de un juego se tratara, y el arte de contar historias se limitara sólo a la invención o a la inteligencia para desarrollar tramas.

Como se mencionaba en el apartado anterior, el escritor, como personalidad creadora, se posiciona como un observador de los hechos y las cosas, para transformarlos en su materia dramática. En las fuentes de la historia futura, en los cuerpos que mutarán en personajes de ficción, o peripecias reales que se convierten en tramas argumentales. La lógica no es sólo esa, la de observar y crear. A esto se refiere la construcción de la personalidad creadora, en el desarrollo de un individuo consciente, implicándose con lo que escribe, pudiendo manifestar las nociones que lo preceden, en las que se haya imbuido, y a las que adhiere o no.

El hombre, desde su inserción en la sociedad, está imbuido en formaciones, a menudo difusas o poco explicitadas. Pero estas concepciones del mundo, que tienen su pertinencia desde la política, la filosofía, la sociología, los aspectos económicos y culturales, derivan en su construcción/conformación/ formación psicológica. En la construcción de una persona / personalidad, en tanto modelo que se expone al mundo, manifestando su propia visión, desde lo aprehendido, y lo que transforma en base a lo aprehendido. En la creación de una visión personal de las cosas, de las relaciones, de la vida, las afinidades, los padres, la educación, las formas de vida. Las ideas de justicia, de libertad. Y desde luego, de Arte.

Aprendemos desde pequeños a descubrir el mundo con nuestros ojos, y con ojos prestados. Vemos desde nuestra formación, desde las influencias, y también creamos desde ese mismo lugar. Nadie puede escapar a eso. La creatividad escapa a la virginidad de los hechos y la no formación del individuo.

Por ello, desde la creación de la obra artística, uno de los modelos que nos guía en la construcción de nuestros relatos, es nuestra visión. Canalizamos los hechos desde nuestra visión, y los enfrentaremos a ella cuando nos traicionemos, cuando se diga lo que es boca de otros y no la nuestra.

Desde luego, estamos hablando de la obra dramática como un todo, y ese todo expresa el ethos al cual nos referimos. Para la construcción de ese todo habremos reemplear cientos de recursos y miradas, que pueden (y no) concordar con la nuestra. Esto se manifiesta de forma directa, y no se puede someter al arbitrio de nadie más que quien escribe, y los elementos dramáticos son también, en este caso, las técnicas que ponen a prueba, si se desarrollan desde la objetividad y la no manipulación tendenciosa, la misma visión del autor, a través de la oposición de las ideas y objetivos en el conflicto de la obra dramática.

Siguiendo al director y teórico Peter Brook (3), dentro de la narrativa formal, los franceses, quienes acunaron preceptos narrativos que derivaron en los enfoques condicionantes del lenguaje cinematográfico, rechazaron a comienzos del siglo pasado la forma clásica de la novela, como reacción a la omnisciencia del autor. Esto trae aparejado una cuestión central dentro de los aspectos de la creatividad: el autor que se enfoca para crear desde el Siglo XXI, está condicionado (en el buen sentido) por la formas interpersonales, desde la mirada del individuo, o la de éste en relación con la mirada de otros.

El drama trabaja el desarrollo de la narrativa con la evolución del conflicto a partir de estas relaciones interpersonales. Si bien la literatura se enfocaba en una línea de trabajo sobre la mirada omnisciente, unívoca del sujeto, en base al monólogo interno, o el seguimiento de las miradas personales, su objetivo central está en el estudio del sujeto (o los sujetos) a partir de las concepciones, o puntos de vistas subjetivos, del o los protagonistas.

En la narrativa cinematográfica, y su pregnancia dramática, esto se ve trasladado en forma directa a través de la acción dramática, y el desarrollo de la obra. Como apuesta formal, esta iniciativa unifica las dos mociones que estamos desarrollando, autor y lenguaje. En las palabras de Brook (4):

“Aunque el dramaturgo traslada al escenario su propia vida, que se nutre de la vida circundante — un escenario vacío no es una torre de marfil—, la elección que hace y los valores que observa sólo tienen fuerza en proporción a lo que crean en el lenguaje teatral.”

En otras palabras, construimos a partir de uno, desde la mirada del artista como persona y creador, pero todo proceder del autor es afín a la creación de una obra dramática, sea tanto para el teatro como el cine.

Nos referimos a obra dramática, y autónoma, independiente y no alegórica, cuando no necesitamos de mayores indicaciones, ni de referencias biográficas previas, para conocer lo que la misma propone. Entendemos su desarrollo en acciones, en personajes y conflicto, que le confieren, por decirlo explícitamente, vida propia.

El autor plantea su visión del mundo a partir de la mirada, de la subjetividad sobre lo objetivo. Con su tono, su distancia, su inclinación sobre los hechos. A partir del tipo de conflictos que prefiere, y cómo estos pueden dar a entender esferas mayores o menores, psicológicas o sociológicas. El autor expresa su visión a partir de la selección y orden (estructura) del material con el que cuenta, lo que permanece para el espectador y lo elidido. Y se es proclive a ciertos temas, personajes, y formas. Alteraciones mayores o menores, significativas y no tanto, pero creando una constancia, coherente, en su forma de ver las cosas.

Siguiendo el concepto desarrollado, el dramaturgo y director  alemán Bertold Brecht, desde su pensamiento artístico, esboza que el teatro que es necesario para ser representado, no puede perder nunca su atención sobre la sociedad a la cual refiere. El arte, para este autor alemán, debe servir como modo de reflexión, que no sea a modo explícito, y que deje lugar al pensamiento del público, ya que allí el texto encontrará su acogida final.

Esta visión del autor sobre las cosas tiene a su vez,  la función de la misma en la sociedad que consume una obra dramática. Y este modelo expuesto no sólo consigue transmitir la mirada autoral, sino que la misma sea un ejercicio de reflexión para quien observa. Su concepto de la alienación, que pocas veces podría ser aplicado al cine, obliga al espectador a mirar de nuevo, a exponer algo que el otro debe completar por sí mismo. Algo que debe conceptualizar y trabajar, sin que le haya sido entregado de forma explícita.

Notas

(1)            Método y Libro registrados por Fernando Saad. Publicación realizada en el marco de investigaciones de la Universidad de La Punta, San Luis, Argentina.

(2)            El espacio vacío, 39.

(3)            El espacio vacío, Peter Brook. Editorial Nexos. Barcelona, España. (2000). Páginas 45 y 46.

(4)            Peter Brook, El espacio vacío. Ediciones Península, 2000. Página 74.