El nuevo mensaje en el cine chileno: entrevista a Matías Bize

BIZE 2

Por Miguel Chamorro

Periodista de la Universidad de Valparaíso- Chile.

En los últimos cinco años, el cine chileno ha experimentado un notable cambio desde el punto de vista del mensaje que se ve en él, que no es otra cosa que una manifestación llena de sensaciones, emociones u observaciones que realizan los directores sobre cómo están expresando los sentimientos las personas que interactúan en una sociedad contemporánea consumista que atrapa la libertad de los individuos.

A través de una mirada reflexiva sobre el tema, Matías Bize, director de películas como Sábado, En la Cama, La Vida de los Peces, entre otras, plantea su visión y reflexión sobre lo que está comunicando el cine chileno.[1]

Entre el 2005 y 2009 hubo 75 estrenos,[2] siendo el mejor año de producción el 2008. Los títulos han sido variados, desde películas taquilleras, dramas, comedias, historias simples y animaciones. En el marco de este grupo, muchas de esas producciones son de directores jóvenes que buscan una nueva forma de comunicar sus películas: ambientes cerrados, paisajes abiertos, locaciones al aire libre, estados de ánimos singulares, silencios o tristezas.

Ese conjunto es lo que me lleva a observar detenidamente las películas chilenas de los últimos cinco años para advertir que tanto comportamientos, como diálogos, acciones de los personajes y contextos en que estos se desenvuelven proyectan una realidad de país enmarcada en distintos estados de ánimo.

Esta es la reflexión del director Matías Bize.

Periodista (P): ¿Cómo observas el discurso del cine actual?

Matías Bize (MB): A mi juicio el discurso debería ser muy variado, a mi no me gusta que haya una línea en el cine chileno, me parece interesante la diversidad, no me gusta lo específico que hable de ciertos temas. Me gusta que cada autor o que cada director hable de sus temas personales, ya sea en una comedia, en una película de vampiros o en un drama como el caso de mis películas. Una película me parece interesante cuando hay un director detrás de esa película, que está hablando de su mundo, de los temas que a él le interesan, entonces por eso es bueno que existan distintas películas como diferentes directores que están detrás de esas películas. Me agrada que exista la diversidad, que no haya solo un tipo de cine chileno, sino que se presenten muchos autores hablando de distintos temas. Yo veo la variedad, las películas de comedias, las de géneros, no hay filmes de una sola postura, no me gustaría que el cine chileno fuera sólo de una sola línea como lo que ocurre en Brasil con favelas y, pistolas. Nuestro cine es mucho más que eso, es lo que se exporta como el cine Iraní, eso es lo que a uno le llega. Veo al cine chileno como a cosa mucho más amplia.

(P): Y las experiencias de vida, ¿pueden ser un referente para armar una nueva identidad en el cine chileno?

(MB): Totalmente, mis películas son así, son contadas de una verdad, no es mi historia, no es mi biografía, pero es mi “mundo”: son mis amigos, son mis amigas, la gente con la que yo me relaciono, así veo yo al cine, contado de esa verdad.

(P): ¿Crees que el cine chileno de los últimos cinco años tiene vida?

(MB): Sí, han aparecidos directores jóvenes, escuelas de cine, universidades que dan la carrera de Cine lo que es interesante como movimiento, pero tiene que perdurar en el tiempo que no puede ser una moda o una cosa menor. La idea es que esos directores no hagan solo una película, sino tres, cuatro, que vayan creciendo. Yo siento que aprendo con cada película que hago y un director se forma haciendo películas.

Lo que habría que mejorar es intentar hacer buenas realizaciones; yo no soy partidario de que apoyemos el cine chileno, porque es el cine chileno. Creo que hay que ir a ver una película cuando es buena. Lo que tenemos que mejorar es la idea de hacer buenas películas cada vez más, cosa que tiene que ver con una formación que se desarrolla en el tiempo, con recursos, con miles de factores.

(P): ¿El contexto por el cual vive un país, es una herramienta para contar una historia? ¿Lo asocias con esa diversidad que presenta el país en algunos aspectos?

(MB): El contexto habla de algo también, quizá ahora no tenemos la distancia para verlo, pero después, siento que mis películas hablan de un momento que vive el país, con lo transitorio, el miedo, el dolor y eso habla del país también. De alguna manera, no tan clara, pero quizá con el tiempo se va a poder ver también que así era el país en ese instante. Sí, tiene que ver con las situaciones. Claro, hace un tiempo con la dictadura había una cosa común mucho más fuerte contra que luchar, pero ahora siento que hay temas más personales que es lo que estamos viendo, temas de relaciones, de crecimiento, cada uno tiene temáticas en relación a coyunturas urgentes, como era antes.

(P):  ¿Cuál es el tipo de película que quiere ver el público chileno?

(MB): Una película buena generalmente. Muchas veces se habla que el público quiere ver una cinta simple que no intenta exigirle más, pero el público es mucho más inteligente de lo que se cree. Una película buena, bien hecha, que sea emocionante con una buena estructura. No se puede decir que el público chileno quiere reírse y ver comedias, por lo menos no es lo que me sucede a mí. Mis películas tienen súper buena acogida y la gente me comenta muy bien. Mi última realización, La vida de los peces, llevó cinco semanas en cartelera lo que es bueno, sabiendo que el tema de las salas está difícil para una película donde Toy Story llega con cuatro copias, pero ahí estamos. Lo que yo siento es que el público espera una buena película.

(P): ¿El cine chileno es un producto “artístico” o “artístico – comercial”?

(MB): Las dos cosas, por lo que yo intento hacer con mis películas, quizás por mi experiencia, son las dos cosas, y a mí tampoco no me gusta la división entre el cine arte y el cine comercial. Yo intento que mis películas las vea mucha gente, o sea, a mi me gusta que el espectador asista a ver mis películas, pero siento que eso no significa que tengo que hacer una película comercial de menor calidad, es decir, la gente no tiene porque no ver una buena película, entonces lo que yo siento es que hay una mezcla entre las dos cosas: un filme de muy buena propiedad artística y también de muy buena calidad comercial, eso es lo que una obra trasciende. Creo que cuando su contenido está muy bien, su forma también hace que llegue al público.

 


[1] La presente entrevista forma parte de la investigación denominada El nuevo mensaje del cine chileno en los últimos cinco, del programa de Magíster en Gestión Cultural de la Universidad de Playa Ancha, Chile.
[2] Cámara de Exhibiciones Multisala de Chile A.G.