Entrevista a Jaime Rosales: “El tema es lo que empuja el estilo”

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Por Margarita López Morales

Desde Cannes

Hermosa Juventud (2014), tras Las horas del días (2003) y La Soledad (2007), es la tercera obra invitada a Cannes del director Jaime Rosales. Lo entrevistamos en el festival la mañana después de su proyección dentro de la selección “Un Certain Regard”.

Como es una constante en su trabajo, Jaime Rosales continúa mirando a los personajes desde afuera para verlos por dentro. Así nos los muestra, como si nada, como si se hubiera metido a expiar a cualquier vecino desde el armario y lo hubiera grabado hablando con su madre de un guiso de papas, y así, poquito a poco -con método- queda el interior del personaje desnudo ante nosotros: es el ejercicio de la mirada, el reto al que Rosales nos invita, su forma de descubrir qué pueda haber más allá de la imagen. No obstante, se aprecian algunos cambios formales en su cine, como la inclusión de los movimientos de cámara junto a una mayor presencia de primeros planos. En su última película, Hermosa Juventud, se acerca a la difícil situación que viven hoy día gran parte de los jóvenes españoles. Frente a la dureza de la trama, Ingrid García-Jonsson, en el papel de Natalia, logra transmitir a la vez viveza, madurez, esperanza: es toda una heroína, que calla su tristeza -aunque la vemos en sus ojos- y continúa hacia adelante, venga lo que venga.

GA: En esta última película, la idea que da base a la trama, ¿se inspira en un caso real cercano a su entorno, o por el contrario, partiendo de la situación actual que viven los jóvenes, ha creado una historia imaginaria?

JR: Digamos que el guión tiene dos fases. Una primera, que es el boceto y las líneas argumentales principales, que me vienen dadas desde hace tiempo, de anécdotas o de gente que conozco, y de cosas que he leído. Luego, a medida que voy haciendo el proceso de investigación, para asegurarme de entender bien los matices, voy perfilando, a través de los testimonios y cosas que voy encontrando. Finalmente, en realidad el guión lo completo en rodaje, con las improvisaciones que incorporo a través de la puesta en escena con los actores. Entonces, digamos que es un mosaico de historias reales, pero no está basada en una historia real.

GA: Por lo que hemos podido leer en el dossier de prensa, al principio tuvisteis la intención de rodar con actores no profesionales, ¿por qué cambiasteis de idea?

JR: Porque me dejé en ese momento aconsejar por los productores; pienso que era necesario también salir de una cierta dinámica más ensimismada: a mí me gusta mucho el blanco y negro, los actores naturales… Pero bueno, tenía que buscar abrir un poco el cine que estaba haciendo, buscar más al espectador; buscar unos actores guapos, con talento; un lenguaje más dinámico. Ayer, aquí, viendo la película, veía que los planos iban desfilando a una velocidad… y me dije cómo he cortado así de rápido, si yo soy mucho más de un plano secuencia… Entonces he cambiado un poco el lenguaje para hacerlo más accesible, porque también me he dado cuenta de que cuando hacía un lenguaje muy muy cerrado, tremendamente personal, perdía el contacto con el espectador, y al final no hago una película para verla yo solo en mi casa.

GA: Este cambio, ¿lo toma como el comienzo de una evolución en su cine, o se trata de algo puntual?

JR: Voy a ver ahora la reacción y qué ocurre con la película. Siempre he hecho una película en relación a la anterior que había hecho, siempre como una respuesta y al mismo tiempo una continuación. Ahora tengo algunas ideas en la cabeza, algunas posibilidades, pero hasta que no haya pasado un tiempo y entienda qué es lo que tengo que hacer, no me decidiré. Vamos a ver si realmente conecto con el público. Mucha gente me dice que es mi mejor película, a pesar de que la he hecho haciendo más caso a los productores, dejando que ellos metan más la mano: pues a lo mejor es que ésa es la manera adecuada de hacer el cine y la tengo que aceptar.

GA: El colapso de puertas del mercado de trabajo se ve muy bien reflejado en su película, ¿quiere transmitir algún mensaje concreto?

JR: No, mensaje concreto ninguno. De hecho, no es una película que la haya hecho pensando en tesis, ni en ideas. Es un retrato. Un retrato en el que he intentado acercarme al mundo, particularmente al mundo de la gente joven en nuestro país, tratando que fuera un retrato muy muy preciso. No voy ni con ideas preconcebidas ni con valoraciones, ni esto está bien ni esto está mal. Yo defiendo a todos los personajes e intento hacer una pintura hiperrealista e hiperconcreta. Tengo espectadores que me han dicho que para ellos la película va sobre la maternidad, ¿sabes? Claro, es que hay una madre. Así como la estética ha cambiado, la parte ética no: nunca he intentado imponer un mensaje.

GA: Hablando de puertas, he apreciado un gran cambio de estilo formal; esto es, se le continúa identificando claramente por ciertos recursos como el mirar a los personajes desde las puertas, lo que nos recuerda a La Soledad, pero he visto algo muy novedoso en su cine dada la quietud anterior basada en el plano fijo: los movimientos de cámara ¿Qué nos puede decir de esto?

JR: Para mí es muy extraño analizar mi cine, porque cuando pienso en las películas que estoy haciendo y en cómo estoy haciendo las películas me resulta muy extraño porque… Muchos de los cineastas que yo admiro tienen un estilo muy reconocible, de recursos estilísticos que siempre vuelven y que van, y cuando veo mis películas digo no me salen así, cada una desde un punto de vista estilístico, es de su padre y de su madre. Puede ser que la característica de mis películas es que yo adapto el estilo de una manera muy radical al tema. En esta película quería abrirme más al espectador y sí había unos contenidos de retrato social, entonces el lenguaje se parece más a una película de los hermanos Dardenne, cuando en la anterior película, que era sobre la espiritualidad y sobre la trascendencia, se podía parecer más a una película de Béla Tarr. Al final, el sujeto, el tema, es lo que empuja el estilo: los hermanos Dardenne no tienen un estilo Dardenne, tienen un estilo social, y Béla Tarr un estilo trascendente; por eso cuando encuentras a Ozu, a Bresson, que tienen unas mismas preocupaciones, el lenguaje se te parece. También me gusta experimentar dentro de esos estilos.

Precisamente yo le iba a hablar de Robert Bresson. Grandes autores de la historia del cine, como él, llegaron a desarrollar una forma de trabajo propia. Por ejemplo, usted, logra destapar el interior del personaje, a través del ejercicio de la mirada: ¿cree que ha desarrollado una técnica propia? ¿Cree en el trabajo metódico?

JR: Sí. Sí, sí que creo en el trabajo metódico. Soy muy metódico, muy muy obsesivo, realmente me cuesta mucho descansar la cabeza; estoy siempre pensando en películas. Y realmente las cuestiones formales  me preocupan mucho, estoy todo el rato tratando de resolver la historia, la economía y la forma: debo hacer esta película en cámara en mano, o una steadycam; en color o en blanco y negro; qué focales… Por ejemplo, en esta última película, con Pau (Esteve), para mí, el decidir si voy a usar una sola focal para toda la película o voy a usar, como acabé haciendo, muchas focales y variando las distancias, esa decisión me puede acompañar meses: sólo saber si voy a usar un 50mm o voy a usar tres lentes, le puedo dar mil vueltas a las consecuencias de eso. A veces digo soy un enfermo.

GA: Para terminar, muchos jóvenes españoles cuando vean su obra se verán identificados con la precaria situación de los protagonistas, pero realmente cuando vemos su obra, sobre todo por el final que no puedo destapar, parece que no hubiera ningún resquicio de luz ¿Realmente lo siente así?

JR: No. Yo creo que hay mucha luz, en la vida. Creo que hay esperanza. Hay una cosa que repito bastante casi como un manta. Lógicamente no es una cosa ni que pensé yo ni que escribí yo, es que he leído: la diferencia entre el optimismo y la esperanza. Decía: “En un campo de concentración no hay razones para el optimismo pero hay razones para la esperanza”. Entonces en el mundo actual yo no veo razones para el optimismo, pero muchas para la esperanza. Y creo que los jóvenes tienen razones para tener esperanza, creo que cuando se les dé la oportunidad mejorarán el mundo para ellos y para nosotros también.