La escritura vista a través de los ojos de un aprendiz escribano (I)

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Claritza Arlenet Peña Zerpa*

“somos los ojos del rey y su palabra se expresa”

(palabras del maestro-escribano al aprendiz)

Para el momento de la exhibición de a película La ciudad de los escribanos se le vinculó únicamente con la creación de la Universidad de Los Andes, su lectura nos remite a otras aristas. A través de la historia del joven (escribano aprendiz) se encuentra la importancia de la letra en la materialización de los intereses de la corona.

Bajo la tutela de la Iglesia Católica nace el Colegio San Francisco Javier de la Compañía de Jesús (1628), luego colegio seminario (1787), hasta llegar a ser la Real Universidad de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros (1810) y por disposición de Guzmán Blanco (1883) reconocida como la Universidad de Los Andes. La ciudad de los escribanos representa la primera etapa de la educación ofrecida para aquel entonces, enfatizando el rol de escribano[1] al que no todos estaban llamados.

Los escribanos de aquel colegio seminario no ejercen alguna administración de justicia. Su trabajo era visto como un oficio, ejercido por profesionales de la letra. Reconocidos como un grupo de religiosos encargados en tiempos de la colonia de “dar fe de la palabra escrita, y por ello estaba encargado de legitimar la obtención y  conservación de los bienes, esto es, la moderna transferencia de la propiedad” (Rama, citado por Coaguila, 2008, p.359). Fuera de las horas de clases, las cartas enviadas del obispo a Carlos III[2] daban cuenta de la administración del colegio, los bienes adquiridos y por adquirir; así como las solicitudes respecto a las construcción de la universidad.

El ejercicio de escribano implicaba alejarse de Dios[3] aun cuando se tratara de sacerdotes. Ejemplo de esta contradicción era la acción del obispo quien tendía cambiar el contenido de las cartas por sus intenciones. En más de una ocasión ordenaba a los escribanos aprendices borrar algunas palabras, de esta forma jugaba con los significados.

El poder de la palabra y la palabra del poder, una dialógica que se intensifica cada día. La corona y las autoridades de la iglesia (representadas por el obispo y los sacerdotes de aquel seminario) constantemente intercambian correspondencias. Pero, dentro de esta díada aparece bajo su sombra la amenaza del gobernador de la Provincia de Maracaibo[4] quien no comparte los mismos intereses.

El aprendiz de escribano en el seminario: ¿formarse para el ejercicio de poder o ser un hombre letrado?

Para llegar al colegio seminario era necesario emprender un viaje largo por tierra a las provincias de Venezuela[5] de Maracaibo a una tierra poco poblada (Mérida). Aquí se advierte la primera separación entre el próximo aprendiz y su estructura de acogida (la familia).

Figura 1. Recorrido por las montañas

El joven ingresa al seminario por decisión del padre, Dr Esteban Duarte, quien trabajó como médico para el obispo[6] al llegar llevar a su hijo. Como parte de la admisión entrega una carta a uno de los sacerdotes. Tras enunciar “mi hijo vendrá al seminario” los habitantes de aquella casa forjan expectativas de futuro en orden a las necesidades religiosas.

En el seminario funciona la figura del guardián-vigilante de claustro y de las normas internas concentradas en los maestros religiosos. Para el ingreso de cualquier chico al recinto es menester pasar por una pequeña prueba de admisión resumida en los contenidos: a) revisión de la cabeza (identificación de piojos), b) observación de los dientes, c) identificación del tamaño de las uñas y d) búsqueda dentro de los baúles del recién llegado de los libros.

Figura 2. Examen de ingreso

Luego de superar el examen físico e intelectual de manera rápida se procede a enunciar las prohibiciones: “no leerás novelas”[7] y “la campana suena a las cinco”.  En la práctica esto comienza a generar en el joven su aceptación a medias. Asume una rutina de la escolarización: levantarse temprano (5:00 am), estudiar, comer e ir a clases. Esto puede observarse en el relato de su experiencia cuando es un hombre mayor (voz en off en la primera secuencia).

La estancia estaba sujeta a normas de tintes castigadores y de máxima supervisión-vigilancia. Una educación caracterizada por la pureza de pensamientos y sentimientos. El otro no puede caer en tentaciones carnales mientras resida en el seminario. En consecuencia, cualquier trasgresión a la moral predicada implica la expulsión.

La expulsión es pues un castigo que funciona como escarnio público y el sujeto expulsado tiene una huella imborrable ante la mirada de las autoridades religiosas. Mientras más lejana sea la idea de salida por esta vía, más tiempo de permanencia del aprendiz en el seminario. Como se advierte, se trata de una especie de condicionamiento, de estadía física y espiritual.

El problema que encuentra el joven aprendiz supera cualquier lógica dentro del seminario. En primer lugar escribe como se le ha enseñado solo que supera al promedio de estudiantes en el estilo y forma de escritura. Tras esta identificación, un descubrimiento para su profesor, opera un sistema de premiación que privilegia a la orden en cuanto a sus funciones de correspondencia con la corona.


[1] En Mérida los escribanos eran figuras públicas  y con una formación elemental más bien práctica, no correspondía a un saber académico. De modo que en la película se le vincula a los orígenes de la universidad de la Provincia. Se recomienda al lector consultar la página http://www.human.ula.ve/linguisticahispanica/documentos/Obediente_2008.pdf

[2] “En la Real Cédula de 20 de marzo de 1789, se hace referencia a una carta del obispo Lora del 21 de abril de 1787 o sea, un poco más de un mes antes de que se aprobara la fundación del seminario mediante la Real Cédula de Carlos III del 9 de junio de 1787” (Samudio, Edda. “De la casa de estudios a la Real Universidad de san Buenaventura de Mérida de Los Caballeros”, 2010, Boletín del Archivo Histórico, en http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/32491/1/articulo2.pdf

[3] En el caso Latinoamérica, hay algunas informaciones que apuntan a identificar vicios de los escribanos. En Perú, por ejemplo, se señala desde su literatura. Para mayor información se sugiere leer el artículo de Coaguila (2008)

[4] El gobernador no compartía la idea de establecer el colegio seminario en Mérida, prefería que fuese en Maracaibo. La razones de esta preferencia eran de corte político, económico y de salubridad

[5] Esta situación del joven, presentada en la primera secuencia de la película, es tan solo uno de los casos que ocurrían a menudo. Aquella experiencia de viajero de los potenciales estudiantes es una constante “Al igual que en tiempos del colegio ignaciano y de aquel curso de tres años de Artes o de Filosofía… concurrían a educarse no solo los jóvenes vecinos, sino de otras provincias” (Samudio, 2005, p. 3)

[6] La película hace referencia al obispo Ramos de Lora el fundador de esta casa de estudios.

[7] El obispo acumulaba libros para crear una gran biblioteca con libros de derecho Canónico, Derecho Penal, poesía, y El Quijote. Todos eran guardados en una de las piezas del colegio. Este dato apunta al espectador a revisar los nombres de las cátedras dictadas por la universidad, unas de corte religioso, por ejemplo, Historia Eclesiástica, Teología, Historia de los Concilios y los grados que luego la universidad otorgaría Derecho Civil y Canónico. Para mayor información se recomienda leer el artículo de Artigas (2007)