La escritura vista a través de los ojos de un aprendiz escribano (y II)

La_ciudad_de_los_escribanos-466917228-large

(…Continuación del artículo escrito por Claritza Arlenet Peña Zerpa y publicado en la edición anterior…)

Acercarse al mundo de los escribanos

El mejor alumno pasa a formar parte del grupo de escribanos fuera de sus horas de clases. Aprende a escuchar el contenido de los dictados[1] del líder religioso y a escribir[2] de forma rápida. El joven crea un estilo propio con la pluma y tinta que llama la atención de sus mentores más experimentados. En especial de su maestro.

Cada vez el joven encuentra placentero la acción de escribir y va asumiéndola como un arte. Crece su interés por la perfección al tiempo que comienza a gestar la necesidad de interpretar lo que está descubriendo cada noche: cuentas del seminario[3], solicitudes a la corona, cambio de planes… agregados a su curriculum escolar.

Figura 3.  Herramientas para la escritura

Una vez conquistada la curiosidad, propia del aprendiz por el objeto que atrae su atención, decide iniciar a espaldas de sus maestros la revisión de los libros que poseen. Se encuentra que lo estudiado en clases es una pequeña parte del universo de textos. Toma un libro de poesías y decide leerlo. Aquí está el mayor descubrimiento. El mundo poético lo invita a imaginar fuera de las paredes del seminario, jugar a comportarse como un hombre enamorado, experimentar sensaciones y sentimientos por primera vez… toda esta prohibición ha logrado irrumpirla sin ningún miedo.

Los textos sagrados no representan importancia alguna para el descubrimiento del mundo. Pese a que la palabra del escribano se le vincule con una vida religiosa, para el joven es una forma entre las opciones que existen. Aquí se le vincula la lectura con la vida (bios) y, más específicamente, con las emociones y los sentimientos.

Pero, como toda trasgresión a las normas, es poco el tiempo de disfrute en soledad. Así que decide compartir con sus compañeros un poco de su curiosidad (ya transformada en sed de saber). Pasa rápidamente a ser un intérprete del mundo prohibido al leerles aquel libro de poesías.

Ve transcurrir las horas rápidamente. No espera terminar los trabajos nocturnos para tomar lo prohibido y disfrutarlo. Esta suerte de pasión nocturna comienza a tener un fin desde que su maestro lo observa interesado en arreglar los objetos usados durante la jornada.

El aprendiz completa la exploración a lo prohibido al salir del seminario. Se tropieza con la chica que tanto observaba hasta caer a un río. Allí lo encuentran besándose con una chica[4]. Ante aquel cuadro sigue el castigo bajo la modalidad del encierro. Una suerte de calabozo dentro los espacios del seminario. Cárcel para aquel sujeto impuro y transgresor a las normas.

 

Testador del obispo

Para el joven escribano ser elegido como testador del obispo implicaba la cúspide de un recorrido entre tonos dulces y amargos. A este nivel hay un dominio en la escritura de cualquier documento (incluyendo testamento) el cual contiene una estructura formal y en orden a aspectos legales.

El joven testador[5] ejerce este oficio de forma privada. El obispo estaba rodeado de los sacerdotes de la orden. Aquí es donde se vincula más directamente el oficio de escribano con el aspecto judicial. La última voluntad de aquel hombre se resume en la creación de la Universidad de San Buenaventura de Los Caballeros ahora conocida como la Universidad de Los Andes en el estado Mérida.

 

Figura 4. Escritura del testamento

 

Algunas reflexiones finales

La letra como testimonio de las acciones constituyó, en el momento de la creación de la universidad, la única vía para consolidarse como una idea. Los símbolos y sus significados viajaban a grandes distancias por períodos de tiempos mayores con un poder extraordinario.

El oficio de escribano, presentado en la ficción, probablemente nos acerque a aquella fusión entre experticia y saber.

La elaboración de un texto contiene un corpus donde la gramática y ortografía son algunos de los elementos. Aquel aprendiz actualiza la imagen de un trascriptor o un potencial comunicador. Para él la traducción lo lleva a indagar, acercarse y apropiarse de la escritura, además de hacer común aquello que está conociendo y descubriendo cada día.

La ciudad de los escribanos recoge una historia e invita al espectador a recuperar la escritura no a partir de la pluma sino desde la libertad de escribir y dar fuerza al poder de la palabra.

 

Referencias bibliográficas

Álvarez, A. (2008). Poética del habla cotidiana. Mérida: Consejo de Publicaciones de la Universidad de Los Andes.

Archivo General del Estado Mérida, Protocolos, Escribanías, Tomo 7, ff. 211v-212v. CODICILO DE ANTONIO RUIZ  (Mérida, 16 de marzo de 1622), en http://www.human.ula.ve/linguisticahispanica/investigacion/documentos/28.pdf

Artigas, Yuleida. “Rectores de la Universidad de Los Andes en Mérida (Venezuela): designación, elección y funciones, 1810-2008”, 2007, Saber Ula, en http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/21040/1/articulo3.pdf

Coaguila, Jaime. “Jueces, abogados y escribanos: recetario para una construcción de relacional de la identidad arequipeña”, 2008, Revista de Antropología Social,  en  http://revistas.ucm.es/index.php/RASO/article/view/RASO0808110351A/9067

Mendoza, Eva. “La religiosidad popular más allá de la muerte: los testamentos de los escribanos malagueños del siglo XVII”, 2010, Baetica. Estudios de Arte, Geografía e Historia, en

Samudio, Edda. “Vicisitudes de una Universidad de Provincia: la Universidad de Mérida en el siglo XIX”, 2005, Revista Semestral de Historia, Arte y Ciencias Sociales, en: http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/23147/2/catedra1-8.pdf

Samudio, Edda. “De la casa de estudios a la Real Universidad de san Buenaventura de Mérida de Los Caballeros”, 2010, Boletín del Archivo Histórico, en http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/32491/1/articulo2.pdf

Velasco, José. “La ciudad de los escribanos”, 2005, Película.

 


[1] La copia a partir de los dictados (escolástica) es conocido como uno de los métodos de enseñanza ampliamente criticado y luego superado en la historia de la pedagogía. La coincidencia del dictado en el aula y en el oficio de escribano es uno de las similitudes que se puede encontrar al ver la película.

[2] A través de la escritura el aprendiz se inserta en una malla de poder que opera a través de una jerarquía claramente establecida dentro de la orden religiosa. El obispo a la cabeza seguido por los maestros-escribanos. Se advierte además la inexistencia de la escritura espiritual y de un ejercicio de la verdad de sí. Opera el ejercicio de la memoria y la traducción.

Todo este tejido de situaciones que rodean el acto de escribir apuntan a privilegios sociales y económicos. Quien estudiaba era una élite.

[3] Para Samudio (2010) las cuentas del seminario (rentas y condición económica)  y las ordenanzas para la administración las realizó el obispo Hernández Milanés en el año 1806.

[4] Comienza entonces la lucha por la fornicación, la moral del cristianismo encarnada por  su maestro escribano.

[5] De acuerdo a las revisiones del Archivo General del Estado Mérida en las escribanías se encuentra la asistencia de un escribano y testigos en la elaboración de testamentos. Quien atestigua consideraba necesario algunos señalamientos. Si no dejaba herederos entonces se realizaba un “codicilio”. El lector puede consultar algunos de los documentos transcritos en el portal http://www.human.ula.ve/linguisticahispanica/investigacion/documentos/28.pdf