La verosimilitud y el reino de lo posible en “Game of Thrones”

got-rodaje-1

Por Alfredo Caminos

Uno de los aspectos sobresalientes de la credibilidad de una obra audiovisual es la verosimilitud. Un contrato de la obra de ficción como similar a la verdad o como apariencia de lo cierto. Premisa indispensable para que sea aceptada por el espectador. Si bien la ficción permite cualquier artilugio, cualquier imaginación y todas las fantasías, no siempre es aceptado el nivel de dicha ficción. Salvo, claro está, que la construcción de la diégesis sea factible y comprensible en algún grado de aceptación. La verosimilitud, entonces, debe entenderse como un contrato de lo posible más que de lo real. La verosimilitud es más la posibilidad que la credibilidad.

En algunas series televisivas esta verosimilitud corre riesgo, por decir que juega en el límite, e igual son aceptadas gracias a ese contrato de un rasgo mínimo de aceptación. Mad Men (creada por Matthew Weiner, 2007-2015), por ejemplo, es de un realismo extremo, con una variedad de escenarios, personajes, vestuarios y todo lo necesario para anclar el espacio y tiempo de la narración. Resulta sumamente comprensible y coincidente con detalles que no se pueden soslayar. Ubicada en la década del 60, coincidente con The Beatles, se encuadra en New York y pequeños saltos geográficos, y son numerosos los contactos con la realidad y la Historia.

Alejado de ese realismo, Breaking Bad (creada por Vince Gilligan, 2008-2013) encuentra en los límites de la verosimilitud el valor de lo comprensible y lo dudoso de la historia. No es el espacio ni la época, eso es fácil de determinar, sino las acciones y los personajes jugando un juego complicado, tortuoso, extraño, amplificado hasta el máximo pero siempre posible. Si bien la narración nos entrega una obra realista lo atractivo es que siempre, capítulo a capítulo, temporada a temporada, nos regala un nuevo salto hacia un universo casi  imposible. Y eso es, “casi imposible” de suceder. Pero real, al fin de cuentas.

Por el contrario, Game of Thrones (creada por David Benioff y D. B. Weiss, 2011 hasta el presente) se permite un nivel de recreacción más allá de lo posible, cercano a la fantasía y quizás no tanto. La aceptación del público  revela que sigue siendo comprensible aunque supere a los realismos históricos. La fantasía confluye para posibilitar esa comprensión. En definitiva, una construcción del relato que acentúa el valor de la verosimilitud.

Varios son los rasgos de la narración que se hacen presentes. Nos estamos refiriendo, claro está, a la serie televisiva y no a las obras literarias de George R. R. Martin que le dieron origen. La obra audiovisual clausura el nivel de comprensión por hacer evidente y presente los espacios, los tiempos, las acciones que en la obra literaria estaban libradas a la comunicación entre autor y lector (y por ende a la recreación de este último). Ahora, en la serie, asistimos a lo visualizado por el creador, directores, guionistas y directores de arte que han realizado la representación.

Debemos aclarar aquí, que la publicidad y la venta de la serie queda enmarcada como una fantasía medieval, y esta denominación otorga un valor de comprensión en el cual debe interpretarse la obra audiovisual. Hablar de la Edad Media es situarse en un espacio-tiempo concreto. Y la fantasía también, es un conjunto de valores narrativos coherentes con la obra.essaouiragot

Lo primero que observamos en Game of Thrones es que la localización física en todos los sentidos escenográficos es el continente europeo y algunos lugares próximos. No se incoporan en la obra otros espacios alejados de Asia ni de Ámerica que pueda hacer comprender un espacio mayor. El rodaje en Irlanda del Norte, Croacia, Marruecos y España (Sevilla) la sitúa geográficamente en espacios que tienen correspondencia con la arquitectura histórica de cada lugar. No en vano se eligieron esos castillos, esas casas, esos puertos. Todo se corresponde. Se han elegido lugares donde se mantiene la construcción de siglos atrás casi sin modificación. Sin embargo, no se debe buscar correspondencia, ni exacta ni aproximada, ya que la intensión escenográfica está lejos de un contacto con la Historia. Es medieval pero no lo es. Tiene verosimilitud con el Medioevo.

En el transcurrir de la serie se encuentran contactos diversos con otros acontecimientos. Las discusiones políticas, la religión, la cultura y el arte no están inmersas en la misma localización geográfica, corresponde más a los últimos veinte siglos que a una época determinada. En todo caso, el arte visible del atrezzo se corresponde más con los pueblos de los hunos y los vándalos en la época del Imperio de Roma. El vestuario es, posiblemente, la faceta más universal que tiene la serie, se corresponde tanto con el presente como con el pasado; una adecuación de telas, cueros y orfebrería a las localizaciones diversas, a los espacios indefinidos y a un diseño muy actual. Es coincidente con la confluencia actual de diseños en la moda.

a_Dubrovnik-aEn la última temporada emitida asistimos al surgimiento de una especie de Inquisición que deriva en bandas de “camisas negras” cercanas al facismo y símbología propia del nazismo. Por consiguiente, el tiempo se estira hasta un cercano siglo XX y aún más allá, cuando la financiación de los estados (reinos) responden o bancos universales. Si consideramos que la escritura de los cinco libros son coincidentes con las recientes invasiones en Medio Oriente (Irak, Irán) y la pólítica universal, el tiempo se ha extendido hasta el presente, como metáfora o como verosimilitud. Incluso la destrucción de estatuas de Saddam Hussein reproducidas en Meereen.

La existencia de un muro en el Norte de los territorios de Game of Thrones que se corresponde con el antiguo muro de Adriano, quizás sea el único muro límite existente para señalar el final del Imperio Romano construído para protegerse de los salvajes pictos. Es otro límite que podemos situar como referencia para decir que la serie se ha localizado en un espacio europeo desde los años 100 hasta la actualidad. Esas aproximaciones al espacio y a los tiempos ampliados le otorgan cierto grado de realismo más complejo si se le suman disonancias históricas interesantes al construir una narración sobre la base de la amplitud del tiempo y la convivencia de estilos, emblemas, espacios y acciones humanas tan universales.

Un caso significativo es el nivel de las armas y todo lo relacionado con lo bélico. Hay mayor correspondencia con el Imperio Romano que con el Medioevo. Las espadas de hierro fundido, el uso de la madera, las catapultas, las formaciones militares, las insignias, etc. estaban presentes antes del muro de Adriano y se han mantenido en esa verosimilitud que el espectador disfruta por la variedad y la amplitud. Pero no estaríamos completos si no analizáramos un rasgo importante en los asuntos bélicos: la pólvora. En la Edad Media ya existía, usual en Asia tarda en llegar a la Europa medieval, pero lo cierto es que para la mitad del siglo XV ya era usual, sobre todo por combates con usos de cañones al promediar el siglo XIV. Es otro aspecto interesante de la “verosimilitud ampliada”, si podemos decirle así, ya que afirma lo bélico como más cerca del Imperio Romano al no usar la pólvora ni la modernización de las armas.

Otro rasgo obresaliente es la navegación. Los barcos y botes presentes en la serie se corresponden con una época determinada, precisamente con la mitad del siglo XV. En el amplio tiempo argumental de varios siglos los barcos parecen ser de uno solo. Aquí, casualmente, se observa que esa época, tan cercana a lo medioeval se corresponde con los años de las luchas entre las familias de la Casa de York y la Casa de Lancaster en el espacio del hoy Reino Unido (1455-1487). Un aspecto destacado con frecuencia son los libros y la escritura. Comunicación frecuente con cuervos (al estilo de las palomas mensajeras) mantiene la escritura manual aún en los libros encuadernados. Por lo tanto, el anclaje de los barcos en determinada fecha es coincidente con la invención de la imprenta, y sin embargo esta actividad sólo está presente como una necesidad (la de las bibliotecas).

Todas estas coincidencias reafirman el concepto de verosimilitud, porque la misma no debe entenderse como una coincidencia ni adecuación histórica, sino la posibilidad de su existencia, aunque sea un mínimo creible. Pero, como puede verse, la amplitud de criterio es amplitud de Medioevo y es amplitud de verosimilitud. En un marco tan concreto, como la amplitud de tiempo y el espacio más reducido, se mezcla con un nivel de fantasía necesaria para que la ficción siga siendo verósimil. Existencia de muertos vivientes, dragones que escupen fuegos y otras variantes que contrastan con el resto más realista. Y todo ello no se aleja de la representación de leyendas existentes en momentos previos al descubrimiento de América. Dejaremos de lado el análisis de la lengua (inglés en su mayoría) ya que se corresponde, como suele ser habitual en lo audiovisual, con el lenguaje de la producción.

Este conjunto de realidades y fantasías es lo que le otorga valor a la narración y por ende a la verosimilitud. Nuevamente vemos que aún en narraciones fantásticas y asincrónicas, es posible otorgar un “realismo” tan fantasioso como posible. Y así volvemos al principio, la verosimilitud es el reino de lo posible. Posibilidad que puede sumarse a la apariencia de verdad que es una definición de la verosimilitud. En Game of Thrones es la confluencia la que da esa faceta verosímil, el conjunto de épocas unidas para una narración que unifica al mismo; si se conoce, obviamente, qué contenido argumental está en la pantalla. Como diría Aristóteles, narrar acontecimientos, no que hayan sucedido sino cómo podrían haber sucedido.