Los youtubers no necesitan vuestro cine ni vuestro canon

Rubius_Furby_Infierno

Por Sergio Marqueta | @eserregeio

El famoso video de Carlos Boyero expresando sus apocalípticas opiniones sobre distintos youtubers tiene bastante de juego en donde el que critica se convierte en lo criticado, resultando hasta gracioso e incluso aumentando la comicidad de los videos que se reproducen mientras habla, pues los youtubers ya no parecen reírse de ellos mismos sino también de los mismos críticos. Sin embargo, más allá de este caso puntual resulta cansino toparse siempre con la misma cantinela acerca de la falta de criterio cultural de esta generación audiovisual en unos medios de comunicación que, por otra parte, han dejado de tener valor alguno; no confiamos en su información, tampoco en los artículos de una opinión sumisa y tautológica para con el poder, ni siquiera en el apartado cultural, enfocando los temas de manera sensacionalista y, muchas veces, sin conocer el fenómeno tratado.

Estos ataques parecerían inofensivos en tanto se muestran incapaces de impedir que sigamos accediendo a las plataformas virtuales –sea YouTube, Twitch, Vine… cada una con sus propias características y lenguajes–, pero no lo son tanto, pues trazan una línea divisoria entre lo que es arte y cultura frente a lo que no tiene ningún valor, separación que a su vez sirve para clasificar personas. Boyero lo ejemplificaba bien en el citado video, haciendo incompatible el visionado del formato YouTube con el de películas de larga duración, auténtico arte que requiere una capacidad de atención supuestamente inalcanzable para el espectador de la nube –entendemos así que, según el criterio de duración, los cortometrajes serían motivos de las mismas calificaciones, e incluso las series que apenas duran 20 minutos como Seinfeld o The Office, por señalar algunas abaladas por la intelligentsia. De esta manera, en un claro ejemplo de terrorismo intelectual, y al igual que a aquel sector de la población que al criminalizarlo se le empuja al crimen, a los nuevos espectadores se les asocia con la basura para que se acostumbren a ella y así nadie tambalee el reparto de los sillones de la alta cultura occidental –cuando precisamente los espectadores de la nube hemos huido de la televisión buscando mundos audiovisuales y expresivos más ricos y flexibles.

Ahora que este tema está en boca de los grandes medios de comunicación, la motivación de este texto no es la del arribista sino la de un aficionado a un espacio del que podía disfrutar sin el ruido de la fama y del dinero, momento que tenía mucho de bromas privadas, idiotas. Un réquiem que da el pistoletazo de salida a la producción “reflexiva”, como si ésta siempre apareciera tras las ruinas, en su esfuerzo por sacar la brasa de las cenizas sin caer en la nostalgia, mero contrapeso frente a los mediadores que quieren sacar tajada. Así, las siguientes líneas van a centrarse en analizar el canal de el rubius (elrubiusOMG) evitando entrar en juicios de valor o preferencias, basándose simplemente en el número de espectadores por video, ya que, a falta de un artículo analizando aquellos puntos comunes y particularidades audiovisuales de diferentes youtubers, esta elección se basa en la importancia de su influencia para muchos y muchas que están empezando a crear este tipo de contenidos, configurando una importante arista de lo que será un futuro canon a derribar.

El punto de partida que asumo sin base científica o estudio sociológico alguno pasa por afirmar una mayor deuda de los youtubers hardcore con el mundo de los videojuegos y sus diversos lenguajes que con cualquier otro espacio audiovisual –algo que se explicitará con la superposición de capas dentro del encuadre. Al menos éste es mi caso y el de la mayoría de la gente que creció en mi época; una década después, la profesionalización y expansión del susodicho sector junto con la omnipresencia de gameplays –videos en los que juegan a algún videojuego– parecen confirmar esta impresión. De hecho, al comienzo, mi principal uso de plataformas como YouTube era, además de escuchar música y buscar algún tutorial, ver juegos a los que no podía jugar por no tener la consola o los requisitos mínimos de PC o porque me interesaba la trama o las mecánicas de juego pero no tenía ganas de pasar horas y horas machando botones/teclas. No obstante, lo primero que choca al observar el canal del Rubius es que sus videos más vistos –el casi medio centenar que supera los diez millones de reproducciones– siguen el formato vlog, sketch o challenge antes que gameplay –aunque éste último forme el grueso de su producción. De nuevo, el canal elegido es útil para observar los desplazamientos del tipo de espectadores de este medio, frente a otros que evitan los videojuegos o que sólo se centran en estos, observando cómo ha aumentado el público al unísono que la plataforma recogía funciones y demandas que antes ejercía la televisión. En cualquier caso, pasemos a analizar la estructura de sus videos de manera cronológica, recorrido parcial en tanto nos apoyaremos en los más exitosos.

El primer video que sobrepasa los diez millones de reproducciones, Minecraft en 1 minuto (4 enero 2012), es un ejemplo de cómo hacer un contenido multimedia con unos recursos mínimos en un intervalo de tiempo exiguo, consiguiendo su objetivo; en este caso una parodia –cierto “costumbrismo 2.0”– que no busca tanto ser fiel a lo parodiado, dándole una vuelta de tuerca y exhibiendo sus características mediante una imitación demasiado rigurosa y por ello humorística, como llevarlo al absurdo mediante un humor escatológico en ocasiones desconectado de lo parodiado. Esta estrategia no se sitúa en la misma esfera de lo políticamente incorrecto propio de los enfants terribles, los cuales buscan el escándalo situándose en una posición intelectual superior al resto, por el contrario, aquí se esquiva el escándalo en tanto se alcanza la máxima puerilidad posible, al margen de metaintencionalidades, siendo por ello un comportamiento vetado en los medios tradicionales por ininteligible, inconcebible –algo distinto de otro humor absurdo propio de Venga Monjas e incluso de Míster Jägger, los cuales poseen distintas características al desplegar un extra de, digamos, cabronismo teleridigido.

Respecto a lo audiovisual, tenemos cuatro niveles básicos. En primer lugar nos topamos con que el grueso de las imágenes en movimiento son fragmentos del juego, las cuales están, en segundo lugar, complementadas por imágenes estáticas superpuestas, generalmente de memes famosos –eje de otro lenguaje que se está desarrollando en paralelo, siendo necesario captar sus matices para saber cuándo usarlos al ser reconocibles y cuándo abandonarlos por estar quemados– pero también con otras imágenes seleccionadas para la ocasión o dibujadas por uno mismo; en tercero nos encontramos con la voz del youtuber, al mismo tiempo narrador y personajes secundarios en un movimiento análogo al del niño que juega con muñecos y pone voces, creando la sensación de estar ante un vasto universo –universo autoconsciente en cualquier caso, al tener cabida la imitación burlesca de los haters o “críticos” biliares–; por último la presencia de lenguaje escrito en la pantalla, sea jerga o no, que a veces remarca lo dicho por la voz o añade un comentario que puede refutar a ésta o desviarla. A partir de aquí podemos añadirle variaciones que enriquezcan el esquema anterior, como superponer imágenes en movimiento dentro de una zona del encuadre, la congelación de la imagen en movimiento y la modificación en los colores o el dibujado encima de ésta, la yuxtaposición de fragmentos de videos, anuncios o memes durante unos breves segundos, la modificación de la velocidad con la que permanece en pantalla el texto escrito y su tamaño… Asimismo, a lo dicho debe añadírsele el “movimiento de cámara” por excelencia en este medio, dejando de lado aquellos propios del videojuego –los cuales cambian dependiendo del género jugado– y la gama proporcionada por una cámara digital normal –usada para vlogs, sketches…–; esto es, el uso del zoom que, en la mayoría de las ocasiones, exhibe los píxeles y distorsiona la claridad de la imagen, así como adquiere una función expresiva básica con la que vincular el relato o romperlo en pedazos.

Rubius_Gatitos_TechnoCon este breve resumen ya tenemos un boceto que nos permite observar algunos de los trazos fundamentales que alejan este producto audiovisual de los cánones del cine convencional e incluso de los videoclips y anuncios. Quedémonos en esta aproximación con la existencia de una estética propia y reconocible aunque en realidad existan varias, debiendo analizar las diferencias audiovisuales que provocan las distintas jugabilidades de cada género de videojuego, la relación entre los vlogs y la desacralización del film-diario impulsado por Alexandre Astruc a mitades del siglo pasado, etc. A partir de aquí conviene pararnos a observar cómo opera esta lógica de la saturación –mecanismo al que estamos acostumbrados en los videojuegos al manejar distintos parámetros que vienen estimulados por el texto, lo visual y lo auditivo imbricados con diferentes interfaces y combinaciones de botones–, lógica a la que hay que sumar la interconexión transmedia tanto a nivel personal, pues en ocasiones se hace referencia a lo dicho por Twitter, Facebook, Instagram, su propia página web…, como entre diferentes compañeros al dividir un mismo video en varias partes y subir cada una a un canal o aparecer en el canal de otro youtuber, por ejemplo, además de sugerirse otros videos propios o ajenos tanto en el mismo video –durante o en un apartado final que, como el saludo inicial, debe tener gancho y ser fácilmente identificable–, en la columna de la derecha y en el apartado de información, por no hablar de la zona de comentarios, auténtico enjambre de publicidad, conversaciones y referencias cruzadas. Por ello, aunque el video despliegue un concepto mínimo como una pantalla en blanco, un pitido, lo que sea, jamás podrá alcanzar tal estatus minimalista en tanto la misma interfaz lo impide con su sobreabundancia de información. Rubius entendió bien que el truco estaba entonces en ir todavía más allá, superar la interfaz dando dos tazas, ahí radica la clave audiovisual de sus primeros videos –antes de que jugaran un papel importante otros factores ligados a su cuerpo, esto es, su figura como ídolo, la construcción de un universo de amistades o el uso de la gestualidad facial llevada al paroxismo.

Vayamos ahora a su video del 7 de octubre de 2012 “Haciendo hamijos multiculturales | Troleando like a baus” en el que utiliza Chatroulette –plataforma en donde, usando la webcam, van apareciendo participantes de manera aleatoria, pudiendo cambiar de interlocutor cuando lo desees. Este tipo de videos suelen tener unas visitas elevadas en su mezcla de rápida improvisación, aparición de imágenes obscenas censuradas, variopintos personajes en los que funciona el chiste fácil lleno de tópicos y la aparición de los propios seguidores que están utilizando el programa, por gusto o en busca de youtubers famosos. Con sólo eso, y con el tono y lenguaje propio del utilizado entre amigos del instituto, bastaría para alcanzar al sector mayoritario del público de la plataforma, sin embargo es necesario algo más, el abuso de sonidos complementarios –sean pedos o bocinas–, música de todo tipo –con subidones electrónicos que enganchen, que funcionen a modo de promesa–, memes encima de su cara, garabatos sobre la pantalla que desaparecen al instante y debes parar el video para saber qué ha escrito, zooms que sirven para recalcar el chiste –algo análogo a la risa enlatada de las sitcoms–, apariciones gatos… todo sin dar un respiro; la norma es que el encuadre no pueda pasar más de unos segundos sin ser editado, rellenado. Por supuesto, un análisis detallado debería incidir en las relaciones entre estos elementos, pues, por ejemplo y como se verá más claramente en otros episodios de Chatroulette, en ocasiones ese particular plano detalle/plano medio en función del uso que es el zoom dirigido al interlocutor se utiliza para añadir psicología a la imagen y, a través de juegos en los que añade un tipo de música, la quita o la combina, fuerza determinadas emociones en el espectador en relación con el personaje que acaba de crear –en este caso el objetivo es hacer reír, aunque podrían dársele otros usos.

Pero todavía hay más elementos característicos que pueblan los videos, “Pokemon en 1 minuto” del 24 de octubre de 2012 cuenta con todo ese exceso audiovisual y, además, explicita el modus operandi para producir la saturación narrativa, esto es, mediante la digresión. El ya citado juego entre la voz del narrador y la de los personajes en donde también aparecen terceros espontáneos e incluso alteregos del propio Rubius, creando toda una serie de niveles –véase el caso de UST en videos posteriores o videos como “El reto del mostacho es para machos” (8 de julio de 2013), cuando, al obligarse a sí mismo a tener que hacer los retos, da la sensación de estar rodeado de amigos cabroncetes, siendo el espectador uno más–, permite salirse continuamente de la trama principal –por mínima que sea–, ayudándose de los parones bruscos –por ejemplo en este caso la aparición del profesor Oak con un fondo de corazones mientras canta el infame tema de Jesulín de Ubrique sustituyendo “toda” por “oak”. Por otra parte, el uso de un mecanismo de humor clásico como es el repetir una broma varias veces de manera inesperada pero recurrente, introduciendo si se quiere ciertas variaciones y volviendo a aparecer al final, sirve para crear una cohesión formal más allá de la temática. Esta combinación de elementos proporciona una marcada sensación de velocidad a unos videos que, de otra manera, se reducirían a ver jugar a un videojuego –algo apreciable para quienes estén interesados en éste pero menos destacable respecto las características formales del video– o a escuchar hablar a un tipo –involucrando requisitos como el carisma y otra series de virtudes que van más allá de la especificidad de la plataforma.

Otro ejemplo privilegiado sería “Gatitos techno awesome con epilepsia” (14 de octubre de 2013) donde al final el videojuego es lo de menos, desentendiéndose de éste y dedicándose a hacer el cafre con el subidón musical para retornar al juego o hacer referencias a éste de manera que se trace un tenue hilo conductor con el fin de que las salidas de tono contrasten más y no se disuelvan. Como vemos, el objetivo límite sería descomponer las imágenes en movimiento en fotogramas para ir modificando a estos uno a uno, sacándoles fuera de sí y añadiéndoles un plus a fin de que al mismo tiempo dispongan de una autonomía que rompa el encadenamiento causal –como si el video fuera un libro en blanco con su título, su forma, sus colores, otorgándole una temática al libro a pesar de que las hojas estuviesen rellenadas por historias independientes. De nuevo, aunque con sus obvias diferencias, no estaríamos muy lejos de la lógica de los videojuegos y sus parones narrativos; en una aventura gráfica se cortocircuita la trama con enigmas o problemas, en un juego de rol con misiones secundarias, en uno de acción por hordas de enemigos…

Esta técnica se utilizará también en videos más cercanos a los cortos como “El furby del infierno” (12 de marzo de 2013), en el cual destaca el continuo cambio y corte de música y sonidos diegéticos que proporcionan toda una ráfaga de estímulos esquizofrénicos, como si estuviéramos ante muchos sketches cómicos dentro del mismo –en este sentido, e independientemente de la historia como tal, el primer minuto y medio es ejemplar, aunque luego entre en un terreno más convencional–, tomando entonces distancias con la estética canónica del formato cortometraje. Aunque en menor medida también los virales challenges se verán afectados –véase el desenfado de “Draw my life” del 4 de marzo de 2013 o el “Charlie Charlie Challenge” del 29 de mayo de 2015–, un género cinematográfico propio de Youtube que se ha convertido en mayoritario sin que formalmente tenga mucho que aportar en sí mismo, es más, paradójicamente sus planos largos dan una sensación de artificialidad en un medio como éste.

Debido a los límites del artículo se han quedado otras cuestiones en el tintero, como la evolución de los videos, las diferencias con otros canales o las interacciones entre la actuación y la misma vida del youtuber en la medida en que al no tener una formación actoral su cuerpo expresa los cambios anímicos, por no hablar del concepto de amistad desplegado, en tanto los amigos son tales, no impuestos por un casting aunque sí en cierto grado por el hábito, y su relación con los espectadores. En cualquier caso, y más allá de las críticas superficiales de aquellos que se sitúan fuera de esta comunidad y no tienen ningún interés por comprenderla, con el ejemplo de El Rubius podemos observar la creación de una estética propia de acuerdo con las posibilidades de la plataforma, diferenciándose netamente de otros formatos a los que estamos acostumbrados, desde el cine hollywoodiense al cortometraje experimental.

Haciendo hamijos multiculturales: https://www.youtube.com/watch?v=ACikDGB5CN4
Pokemon en 1 minuto: https://www.youtube.com/watch?v=zcBxaMwaycA
Gatitos Techno Awesome: https://www.youtube.com/watch?v=UR_FfpZBX6s
Furby del infierno: https://www.youtube.com/watch?v=ZrD3vqtFzWc