“Mal día para pescar” de Álvaro Brechner (2009)

Por Lorenzo Vilches

El Conde Orsini, un empresario español que se pasa de listo y su pupilo Jacob van Oppen, un ex campeón de lucha libre de la Alemania Oriental, recorren los pueblos de Sudamérica organizando desafíos de lucha libre previo depósito de mil dólares como premio. Santa Marta les recibe entre la indiferencia y la curiosidad.


Dos en la carretera, arrastrando un pasado de riesgos: un manager arruinado que presenta a todo bombo al ex campeón de lucha como quien “ha sido arrebatado de las garras del comunismo”. Feriantes y aventureros que proyectan un presente de desafíos sobre un futuro no menos arriesgado: pendientes de una llamada de teléfono que les proporcione la noticia de un contrato milagroso que les cambie la vida.

Se trata también de dos forasteros enfrentados a todo un pueblo que nos recuerdan la épica de los Western con héroes crepusculares o la versión postmoderna del Dogville de Lars von Triers. Si se nos permite la licencia poética, también La Strada de Fellini. Géneros y formatos aparte, estamos ante una excelente película que fascina tanto por su solidez narrativa como por la interpretación de Gary Piquer. Co-producido, dirigido y escrito por Alvaro Brechner, alumno de la Universidad de los cortometrajes, esta adaptación de un cuento de Juan Carlos Onetti (Jacob y el Otro) ha sido seleccionada para los Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Una producción española-uruguaya y una feliz confirmación, una vez más, del acierto de una política cinematográfica basada en la asociación de proyectos hispano latinoamericanos. Una película que probablemente pasará de puntillas en España, ocupada como está la profesión en conocer el día a día de las improvisaciones de un Ministerio de Cultura que, como muchos anteriores no sabe qué ni cómo hacer con el cine español.

Como en La sociedad del riesgo global de Ulrich Beck (Paidós, 2008), donde se describe la era de la sociedad de la incertidumbre, esta película es una historia del riesgo existencial, donde no se trata de elegir entre alternativas buenas o malas. Para el manager Orsini todas son arriesgadas, no hay ninguna segura : desde conseguir el dinero de la apuesta, continuar con el desafío cuando las cosas comienzan a torcerse, salir a luchar el día señalado o escapar en el primer bus que salga del pueblo. Pero hay que elegir.

Las dos caras de la empresa, ya sin marcha atrás como en una tragedia sin Destino escrito, son la escenificación del riesgo: una oportunidad para perder la apuesta, o una oportunidad para ser descubiertos y perderlo todo.

Sin embargo, el mismo riesgo de una catástrofe en el horizonte, que moviliza incansablemente al Conde Orsini, podría desencadenar la liberación del día después. Y aquí se esconde un hilo emocional que recorre la narración de toda la película.

Cada escena del filme avanza a través de una decisión arriesgada que debe asumir el Conde. La empresa de este par de pícaros de plaza, se convierte, como en toda situación de riesgo, en un cálculo de probabilidades para evitar el desastre: qué probabilidades tiene el Conde de conseguir un desafío, de conseguir el dinero, de conseguir una victoria apañada. Para ello debe calcular el grado de credulidad general de los vecinos, la ingenuidad del periodista local, la paciencia del encargado del hotel sin pagar, la inferioridad física del posible contrincante, etc. Al final de la película el riesgo se convierte en un cálculo de todas las salidas posibles para controlar lo impronosticable, porque lo que está en juego no es que el luchador alemán gane o pierda (algo que Osini considera una derrota pronosticable), sino que el desafiante se retire o no antes de luchar. Contra toda la lógica narrativa – para que haya victoria debe haber combate, según los cánones – para Orsini solamente puede haber victoria si no hay lucha. De guatemala a guatepeor, Orsini tampoco ha contado con un riesgo extra, la tozudez de una joven que puede echar por tierra todos los cálculos anteriores.

En una sociedad del riesgo nadie puede relajarse. Así que para estos visitantes del negocio del espectáculo no hay alternativa que permita un respiro para disfrutar de las experiencias del pueblo y su gente. Cada relación con los demás, cada encuentro de juego, sexual o amistad está sometido al riesgo de que todo pueda ir a peor, que pueda descubrirse el apaño. No hay escapatoria para experimentar el placer de una copa, para la sorpresa de un encuentro. Cada escena es un paso más dentro del riesgo. Es el riesgo el que lleva al Conde a no poder distinguir entre aliados u oportunistas, entre incautos o enemigos.

Orsini, irremediablemente convencido de que el destino es el fracaso de su héroe y por ello de todo el curriculum del alemán, ensaya una escenificación previa del riesgo definitivo que espera mañana a su héroe en el ring. Horas antes de la hora señalada para el gran duelo, Orsini decide jugar a las cartas y por un momento el espectador piensa que esta podría ser la oportunidad para depositar el dinero del premio. El Conde toma por unas horas el papel de héroe y escenifica lo que podría ser el juego catastrófico al que irremediablemente ha ido llevándole su empeño. Haciendo gala de un plus de temeridad desafía a una partida de cartas a un grupo de habituales del bar. La escena del juego de cartas en la cantina, es también una metáfora del juego en el que está participando el pueblo.

La gente acepta a los forasteros con aparente curiosidad, o aparenta acogerlo con indiferencia, como se recibe a los feriantes o al circo de cada año. Los del pueblo simulan ser observadores y aceptar el juego, mañana serán espectadores y podrían convertirse en vencedores sin piedad del equipo del Conde y del campeón. Aparentando creerse la impostura de Orsini, el periodista, el dueño del hotel, la novia del desafiante, etc. descubren la trampa y le siguen el juego esperando ganar algo en todo eso. En un momento, el director del periódico le dice al Conde, mirándole fijamente, como lo haría el médico que te tiene desnudo sobre la camilla, o como diría el encargado de un supermercado que te ha sorprendido escondiendo una botella de güisqui en tu abrigo: Aquí siempre viene gente de fuera con alguna historia o invento que vendernos. Estamos acostumbrados y sabemos descubrir a este tipo de gente.

Lo interesante del film es el juego del riesgo presente en toda la historia, y aquí está lo mejor de esta película, Es precisamente la incertidumbre, el riesgo de lo improbable, el no poder asirse a ninguna baranda ilusoria, lo que tornará en sabios a los 2 protagonistas. Como si el haber tocado fondo en una situación de riesgo existencial, donde todo puede ser y no ser, permitiera extraer la verdad de las cosas y las personas, la verdad de sí mismo. De la auto restricción de Orsini (no puede ofrecer nada, no puede dar nada) y la auto sumisión del ex campeón no puede salir nada porque no hay decisiones que tomar. Solamente aceptando la incertidumbre como única regla del juego, ambos personajes podrán ingresar en el castillo impenetrable que habían construido y entender finalmente que el juego ha terminado y que cada uno deberá emprender su propio camino y afrontar su propio riesgo. Esa certeza es lo que les permitirá al luchador y ex campeón descubrir su propia fuerza y al Conde Orsini descubrirse generoso como un Humpry Bogart o un Clint Eastwood en sus mejores momentos .

Ficha técnica

Dirección: Álvaro Brechner; Guión: Álvaro Brechner, con la colaboración de Gary Piquer; Basada en: Jacob y el Otro, de Juan Carlos Onetti; Duración: 104 minutos; Género: Drama; Locaciones: Montevideo, San Carlos, Minas

Reparto

Orsini: Gary Piquer; Jacob Van Oppen: Jouko Ahola; Adriana: Antonella Costa; Heber: Cesar Troncoso; Grey: Bruno Aldecosea; Ronco: Alfonso Tort;Jorge: Jorge Temponi Jessica: Jenny Goldstein; Herminio: Rogelio Gracia;Ronnie Lima: Cristian Casañol; Locutor: Enrique Vidal;

Producción

Producción: Expresso Films (Uruguay), Baobab Films (España) / Telespan 2000 (España); Producción Asociada: Oriental Films;(Uruguay); Productores Ejecutivos: Virginia Hinze; Álvaro Brechner; Tomás Cimadevilla; Directores de producción: Virginia Hinze; Pablo Ramírez; Productor Asociado: Diego Robino; Beatriz Delgado;Director de Fotografía: Álvaro Gutiérrez; Diseño artístico: Gustavo Ramírez; Jefatura de Producción: Laura Gutman;Asistencia de Dirección: Sergio de León; Montaje: Teresa Font Musica:Mikel Salas; Sonido Directo: Fabián Oliver; Montaje de Sonido: Nacho Royo;Maquillaje y Peluquería: Estela Vallegra; Vestuario: Alejandra Rosasco.