Reseña: La Seguridad Digital como eje transversal en el tratamiento de fuentes informativas y el trabajo periodístico

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Damián Munizaga P. 

EL PEQUEÑO LIBRO ROJO DEL ACTIVISTA EN LA RED:

Introducción a la criptografía para redacciones, whistleblowers, activistas, disidentes y personas humanas en general

Autora: Marta Peirano

Año de la edición: 2016

Páginas: 136

Editorial: Roca Editorial de Libros

ISBN: 978-84-9918-777-8

EL PEQUEÑO LIBRO ROJO DEL ACTIVISTA EN LA RED se plantea como una guía para la protección digital de las comunicaciones, incluyendo el cifrado del correo electrónico, búsquedas y huellas de datos generadas a partir de nuestra actividad en la red. Si se considera que mediante algunos cuantos clicks es posible acceder a grandes cantidades de metadatos (lo que puede ser percibido como una amenaza por el poder establecido), la privacidad digital no es algo que se pueda dar por hecho. En este sentido y de acuerdo con Edward Snowden, quien prologa el libro, los periodistas tienen la responsabilidad de aplicar las mejores prácticas de seguridad en orden de mantener el anonimato y proteger a sus fuentes, apropiándose de las herramientas y procedimientos disponibles y adaptando sus actividades en función de evitar problemas.

Que la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (NSA, por su sigla en inglés) vigila y registra todos y cada uno de los movimientos que ocurren en la red es un hecho. Es más, cuando el gobierno norteamericano quiere seguir los pasos de alguien, le basta con pedir los datos del usuario a la compañía proveedora del servicio, todo esto sin intervención judicial mediante.

Se trata de un asunto complejo, toda vez que las actividades que se desarrollan en el entorno web se encuentran ancladas en servidores que, la mayoría de las veces, se ubican al otro lado del océano. Esto significa que están sujetos a la normativa legal de dicho territorio nacional y no necesariamente a la del o los países en los que opera. Se trata de servidores sometidos a leyes que no respetan la privacidad de los usuarios y que muchas veces, dado que poseen datos relevantes de sus usuarios, colaboran con gobiernos nacionales en el sentido de proporcionar esta información.

A través de distintos casos de periodistas y activistas por la libertad de información, como el de Julian Assange, se va revelando el entramado de relaciones que se establecen en internet. A la vez, se da cuenta de la potencial vulneración de derechos de los usuarios y en especial de periodistas, cuyas fuentes e investigaciones corren peligro de ser truncadas si no toman resguardos mínimos ante las amenazas que supone la internet.

Tal como lo define la autora, “navegar es una actividad promiscua” en la que compartimos, probablemente sin plena conciencia, millones de datos que van a parar a manos de gobiernos y privados. Si pensamos en que cada vez que hacemos una búsqueda en Google se genera un intercambio de información con computadoras desconocidas, estamos revelando por defecto la composición de nuestro equipo, nuestro sistema operativo y navegador e incluso nuestra localización geográfica. Cualquier similitud con el panóptico de Bentham es precisamente el reflejo de aquella idea de la observación total del individuo.

El resultado de este flujo de millones de datos de los cuales se recoge la información de los usuarios es el Big Data, que no es más que la recopilación ordenada y sistematizada de esta información. Valiéndose de esta, los grandes avisadores pueden conocer nuestro comportamiento digital y enviarnos descuentos anticipando nuestras necesidades en base a nuestro historial. Se trata, en síntesis, del capitalismo aplicado en la era digital.

No obstante, el espionaje de masas es tan antiguo como lo es la comunicación de masas. Existen antecedentes que permiten afirmar que la antecesora de la NSA con colaboración de la CIA ya espiaba a ciudadanos estadounidenses desde el término de la segunda guerra mundial. Hoy en día, la infraestructura a través de la cual es posible desarrollar el espionaje a escala global es propiedad de grandes compañías y gobiernos nacionales y su valor geoestratégico es cada día mayor.

Así, la propuesta de Marta Peirano se constituye como una guía para la seguridad digital y para el resguardo de informaciones y fuentes vitales, en especial para periodistas y activistas en general. Habida cuenta de lo expuesto hasta acá, el libro es un insumo interesante desde el punto de vista del usuario, en tanto que está escrito en un lenguaje técnico pero accesible que facilita la puesta en práctica de las alternativas que ofrece.